¿Qué leerás mañana?

Llevas años leyendo lo que te cambia la vida. Y luego no cambiando nada.

Tienes ideas. Ahora mismo, mientras lees esto, hay algo en ti que sabe algo. Algo que has entendido con los años, o esta semana, o esta mañana antes de levantarte. Algo tuyo.

¿Lo has escrito?


No para que nadie lo lea. Para que tú puedas leerlo.

El tú de dentro de diez años necesita saber de dónde viene. Necesita ver la distancia. Necesita la prueba de que aquí, en este punto del camino, ya estabas pensando en esto.

Lo que hoy es una intuición, mañana será una certeza. Lo que hoy te parece resuelto, mañana te dirá lo lejos que estabas. Y hay preguntas que solo puedes hacerte cuando miras atrás y ves que llevas tiempo haciéndolas sin saberlo.

Así es como se madura. No de golpe, sino leyendo lo que fuiste.


Escríbelo.

Porque un día ya no estarás. Y lo que hayas dejado escrito será lo único que hable de ti cuando tú no puedas hacerlo. Tus hijos lo leerán. Quizás tus nietos. Encontrarán a la persona que fuiste: tus dudas, tus pequeñas victorias, las preguntas que te quitaban el sueño.

La muerte tiene la última palabra sobre muchas cosas.

Sobre lo que escribiste, no.


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